Pocas cosas entran en mi centímetro cuadrado de existencia
y es mejor que así sea.
Camino, mientras voy deshojándome de a poco
y pierdo la noción del espacio por unos segundos;
y si bien llevo mi música
encendida
mientras que, como un caballo sólo puede mirar hacia adelante
y por detrás sostiene una gran carga;
siento sus ojos
punzantes
clavándose
como agujas por todo mi cuerpo.
Parpadeo con cigarrillos encendidos
para espantar de mi mente toda esa mierda de la
confabulación y malévolo
complot
hacia mi persona.
Entonces, veo como se mueven sus bocas opinando sobre mi desgraciada forma de moverme.