Encendí otro cigarrillo y miré mis pies (juntos): tan venosos como el resto de mi cuerpo; hasta podría ver con claridad el recorrido de mi sangre, y como se estanca, a veces, haciéndome ver morada.
Nunca tuve buena circulación, supongo que viene de familia: todo lo “malo” es hereditario, un ejemplo más, de las perfectas excusas. Podría culpar (nuevamente y sin disimulo) a mi estrangulado cerebro, creyendo en sus olvidos de ordenar el tránsito de mi sangre.
Pero todos son supuestos, claro, siempre me preocupó la liberación de ésta y no su permanencia dentro de mí. Es más linda fuera: su color es más lindo y su olor también. Si, también es más lindo fuera.
Podría ser Nebreda y hacer un cuadro; creo que siempre me hubiese gustado hacer eso (y del dicho al hecho, ya sabemos lo que hay), pero no. Ni siquiera sé que hago con ella (después de…). No sé y punto, no interesa demasiado.
El caso es que se paraliza cuando me pongo nerviosa. Siempre fui un poco nerviosa: claro que el decir “poco” o “mucho”, siempre es relativo; lo que a unos les puede parecer poco, a otros les puede parecer mucho y así sucesivamente. Y nunca aprendí a comerme las uñas, pero los ceniceros me delatan siempre y mis piernas inquietas, también. Tengo la posibilidad de escuchar The Grounch y saltar a más no poder, pero eso no puede hacerse en todos lados. O un tic horrendo, que consta en tocarme una ceja, secuela: ceja absolutamente desfigurada. Me río a más no poder ( y cuando digo a más no poder, es a más no poder), pero de cosas tan pero tan inrreibles, que la gente me mira mal y me siento estúpida, y no es lindo sentirse estúpida.
Conclusión: debo aprender a comerme las uñas.
jueves, 22 de marzo de 2007
martes, 20 de marzo de 2007
Mas ella era un centímetro cuadrado de existencia, prolongando la incoherente vida de una sombra; cascada de carne en las oscuridades.
domingo, 11 de marzo de 2007
sábado, 3 de marzo de 2007
Y, el título podría ser: Abstinencia de helado*
Hoy le comenté que nada había que hacer, si, digamos la verdad, yo tenía una falla; y la miré con un gesto de resignación espantoso: aunque no más espantoso que su gesto asintiendo lo que yo acababa de decir.
No sé bien por qué voy a la psicóloga. Bueno, sí, podría alegar: "Me mandaron", pero creo que ya soy suficientemente grandecita y me sentiría ridícula al decirlo. ¡Pero es que es cierto! (frase dicha cual grito desgarrador).Te mandan cuando sos chica y cuando sos grande, también, solo que lo hacen subliminalmente. El caso es que no sé, quería descargarme, usar este blog para algo. Ultimamente no puedo "escribir" nada y de la única forma con la cual me relaciono con las personas, es a través del humor (bueno, de mi humor). Ya no hablo denserio (sí, todo junto) y cuando escucho algún problema, saco de mi galera alguna frase filosa, pero graciosa a la vez. Quizás, sea la próxima Florencia de La Vega y mi futuro sea al lado del Sr. Sofovich haciendo monólogos. Sí, me di cuenta de la estupidez que acabo de decir. El caso es que yo era así cuando estaba con ella. Ella después se fue y nunca más volví a ser así. Ella no volvió, pero a mi (nosécómoniporqué) me volvió esa manera de ser.
Además, no puedo entender cómo funcionan las cosas ni cómo se relacionan las personas (otro tema a tratar) entonces, ahora aprendí a callar bastante y me costó (metros de cinta) pero creo que está casi logrado. Me volví ermitaña, como alguien dijo. Y ella quiere que me someta al diván.
Sobre mi cadáver.
* Hecho que me provoca sensación de soledad, vacío y desarraigo.


