SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII
LO HICE CARAJOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Me siento inmortal,
yeah
Bueno, haciendo un balance general, no todo fue tan terrible. Festejé el día del amigo y lo que pensé que sería una noche catastrófica y sin sentido, terminó siendo una MUY buena noche, casi tan buena como las que teníamos antes. Y muy en el fondo, me hizo darme cuenta que mi frase victimaria de "no tengo amigas, que se maten, estoy sola en este mundo cruel" es eso, solo una frase: al final soy más blandita que una magdalena con dulce de leche
(pero no se lo digan a nadie, tengo una reputación que mantener).
Por lo demás, la falta de sueño, el trabajo más aburrido del mundo, la falta de trenes ¡STOP!
Espero que dejen Constitución como el Hotel Alvear, porque se me está yendo la vida intentando llegar a mi casa. Intenté hacerme la loca y viajar en "la chancha" y fue un DESASTRE. Nótese: viajé en la unión de los vagones donde no solo me balanceaba de lado a lado sino que un pie mal apoyado y caía a las vías por un agujero; no sería la muerte con glamour que siempre imaginé, pensaba.
Asi es que tengo que tomarme 3 colectivos, cagarme de frío y soportar que un hombre me toque el brazo con su panza. DESTESTO que me rocen los brazos, es algo que me pone muy violenta. Me pasé la media hora que duró el viaje, corriéndome: casi me siento a upa del pancho que dormía al lado; hasta quedar en una posición ridícula y mientras tanto mirando la panza del hombre y deseándole la muerte instantánea. Dos alfajores menos y me ahorraba esa situación, señorrr.
Entonces, decía que por lo demás todo podría estar mejor. Porque SIEMPRE se puede estar mejor, aunque la mediocridad para algunos, sea normal.
Sigo buscando departamento para mudarme y esposo para casarme.
No, mentira, sabemos que lo último es terrenalmente imposible.
Yo estoy ROTA, como lo dijo Frida.
Porque todavía no me dan los ovarios para admitirme enferma; porque aunque lo sepa por dentro, ahí muy en el fondo, nunca voy a decirlo por fuera. Porque el afuera nunca entiende; porque quizás, el afuera, no exista.
Hoy eran las 4 de la mañana, y yo caminaba por Lomas, con la música encendida como si nada fuese a lastimarme. Y mientras la vereda se llenaba de personas que yo no conocía ni quería conocer, yo caminaba. Los miraba de reojo y veía cómo actúaban, como hablaban con sus pares y se reían simulando comodidad; veía como se amontonaban y me causaba asco. Y me miraban raro, calculo que por los auriculares y no por mi extraña forma de moverme. Pero yo caminaba, derecha, más que nunca, mirando al frente mientras sonaba "adela en el carrousel". Había mucha, mucha gente y sin embargo, estaba sola. Sola y la música, mientras pensaba que no podía ir a tocarle el timbre porque seguramente estaba con ella. Y sentí asco por segunda vez.
Pero mientras caminaba, con los ojos más negros que nunca, con un viento más hermoso que de costumbre, me di cuenta que ya no tengo que estar acá: que éste, ya no es mi lugar. Que tengo que volar al lugar donde sea una perfecta desconocida; que ya no quiero saber de nadie ni que sepan de mi; que estoy harta, cansada, agotada, aburrida.
Que no me valoran como yo espero y que ya no quiero esperar: YA NO QUIERO ESPERAR MAS.
Que siento que viví 100 años, cuando en realidad, solo viví 78 años menos que eso. Es horrible. Es horrible aburrirse de la vida;
es horrible estar aburrida de vivir.
Y el agujero en el medio del pecho, vuelve a ser del tamaño de África.
Las 5 de la mañana de un sábado que dejó de ser sábado hace rato para pasar a ser domingo.
84 canciones de García sonando de fondo, cigarrillos, mate y un celular que acaba de sonar con el llamado más extraño de los llamados.
Aunque me miento, como siempre, porque después de una semana como la que pasó y después de una noche como la de ayer, no sé que me resulta "extraño" a esta altura.
Llegar a alcanzar un asiento, fue el precio que tuve que pagar por el retrato de:
una mujer del tamaño de la Tota Santillán sentada al lado, lo cual me recuerda que no tuve un asiento, sino un pedacito de asiento; que dicha mujer tenga a sus dos hijos sentados enfrente, lo cual le dio la posibilidad de cagar a palos al que tenía más cerca porque dicho infante, cual Jack El Despripador, clavaba frenéticamente una lapicera en el asiento. La fórmula era:
agujeros en el asiento es igual a bofetada,
más agujeros en el asiento es igual a otra bofetada.
Nunca lo entendió pobrecito, su hermano, parecía más vivo porque se hizo el dormido de la verguenza que debía darle la situación.
Ok, miremos para otro lado: 3 pseudohumanos, de esos que tienen gorrito de Adidas pero con las letras mal cosidas, tomando cerveza y desparramándola por todo el tren.
En estos casos, el olor es lo de menos cuando la borrachera deja ver todos los dientes que les faltan.
¡Alabado sea el hombre que inventó los auriculares!
De todas maneras, NADA, pero NADA es comparado al color horrible de los asientos del tren, aunque, ahora que lo pienso, nada es casualidad, si se fijan que los nuevos cartelitos "di-gi-ta-les" que te dicen a que hora salen están en composé. ¡Son unos loocos!
El personaje que intentaba cantar mezclando a Dante Spinetta con Peteco Carabajal vestido del payaso mala onda, quedará para la próxima emisión, se lo merece por tener TANTO coraje, un groso.