jueves, 3 de julio de 2008


Llegar a alcanzar un asiento, fue el precio que tuve que pagar por el retrato de:

una mujer del tamaño de la Tota Santillán sentada al lado, lo cual me recuerda que no tuve un asiento, sino un pedacito de asiento; que dicha mujer tenga a sus dos hijos sentados enfrente, lo cual le dio la posibilidad de cagar a palos al que tenía más cerca porque dicho infante, cual Jack El Despripador, clavaba frenéticamente una lapicera en el asiento. La fórmula era:
agujeros en el asiento es igual a bofetada,
más agujeros en el asiento es igual a otra bofetada.
Nunca lo entendió pobrecito, su hermano, parecía más vivo porque se hizo el dormido de la verguenza que debía darle la situación.
Ok, miremos para otro lado: 3 pseudohumanos, de esos que tienen gorrito de Adidas pero con las letras mal cosidas, tomando cerveza y desparramándola por todo el tren.
En estos casos, el olor es lo de menos cuando la borrachera deja ver todos los dientes que les faltan.
¡Alabado sea el hombre que inventó los auriculares!
De todas maneras, NADA, pero NADA es comparado al color horrible de los asientos del tren, aunque, ahora que lo pienso, nada es casualidad, si se fijan que los nuevos cartelitos "di-gi-ta-les" que te dicen a que hora salen están en composé. ¡Son unos loocos!
El personaje que intentaba cantar mezclando a Dante Spinetta con Peteco Carabajal vestido del payaso mala onda, quedará para la próxima emisión, se lo merece por tener TANTO coraje, un groso.

2 comentarios:

Cascabel dijo...

jajaajajajajaja!!!
levantarse y andar de paseo por los blogs es una buena forma de empezar el día,

tus descripciones de la gente en general son exquisitas, maliciosas, pero exquisitas al fin.

pablo dijo...

nunca te toco viajar en el 130. Sino creo que hasta te reirias de una situacion asi. Suerte